miércoles, 26 de marzo de 2014

Una mirada vale más que mil palabras...

Sesiones de los días 12 y 19 de marzo

Tras realizar las clases de esos días, varios aspectos llamaron mi atención y me hicieron reflexionar sobre ellos y quisiera centrar este post sobre ellos.
El primero de todos fue este: ¿Se puede conocer a una persona por su expresión, por su mirada?

La verdad es que la mirada es un factor importante en el acto comunicativo, y es importante de manera totalmente inconsciente. Una mirada puede decir mucho de una persona, sin que ni siquiera abra la boca. Por ejemplo, una mirada puede comunicar una intensa emoción o sentimiento, sin embargo, la ausencia de contacto visual puede dar impresión de aislamiento.
Personalmente, he conocido a personas que había prejuzgado anteriormente por su forma de mirar y después de compartir experiencias con ellos me di cuenta que mi primera percepción no era del todo correcta. Tras tratar este tema en clase, me di cuenta verdaderamente de la importancia que tiene este hecho tan sencillo y que por desgracia puede dar lugar a muchas equivocaciones.

Sin embargo, pienso que una mirada sí que da mucha información sobre la persona y que puede indicarnos si hay una mentira tras las palabras, o la percepción que tiene esa persona sobre algo, ya que es un acto totalmente inconsciente. Llegar a conocer a alguien solo con la mirada puede ser un poco peligroso, ya que entrarían, como he comentado sobre mi experiencia, prejuicios y sensaciones de desconcierto que pueden tener poco que ver con la verdadera realidad.

Pensando sobre esto me viene a la mente el post que escribí anteriormente (ver más abajo) en el que hablé un poco de las miradas y el cortometraje Con lupa.
No sé si se puede llegar a conocer verdaderamente a una persona por su expresión pero la realidad es que una mirada, vale más que mil palabras.

También tratamos en la clase anterior otra cuestión importante, el papel que tiene la confianza a la hora de establecer vínculos.

Cuando leo esa frase por primera vez pienso que es una obviedad y que no hay ni que planteársela. Sin embargo, es un punto de inflexión en cualquier relación y un ámbito de trabajo muy interesante sobre el que investigar. Es verdad que es importante la confianza en sí pero, ¿cómo conseguir que una persona confíe en ti? Ahí entran en juego las habilidades sociales que pueden ser  aprendidas de forma natural y, como no, enseñadas.
Varios autores hablan sobre las habilidades sociales pero me gustan en particular estas dos definiciones sobre ellas:


“Son un conjunto de conductas emitidas por el individuo en un contexto interpersonal que expresa sus sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás y que, generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas” (Caballo, 1993).

“Es la capacidad para interactuar con los demás en un contexto social dado de un modo determinado que es aceptado o valorado socialmente y, al mismo tiempo, personalmente beneficioso, mutuamente beneficioso, o principalmente beneficioso para los demás”. (Combs y Slaby, 1977)

La capacidad de empatía, de saber escuchar, saber compartir… todas estas habilidades son la clave para poder interactuar con las diferentes personas y que se pueda dar un vínculo basado en la confianza.


Por lo tanto es importante conseguir trabajar todo esto para conseguir el establecimiento de relaciones basadas en la confianza, en mayor o menor medida, ya que creo que las personas, que somos seres totalmente sociales, trabajamos, convivimos, interactuamos mejor cuando hay confianza de por medio.

(Imagen obtenida de la web www.stasdenunciant.blogspot.com.es)

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